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El cortejo de las abejas

Con la cercanía de las elecciones presidenciales del 2015 los partidos políticos parecen prepararse para habilitar el debate público de sus corrientes internas. No son candidatos, son expresiones políticas. Durante los últimos diez años de nuestra democracia las expresiones políticas organizadas han logrado transformaciones efectivas. Las elecciones del 2015 constituyen una oportunidad, una instancia de disputas ideológicas para orientar un espacio político, por timonear un país. El debate sobre candidatos es infructuoso: Organización colectiva, matices, construcción de las bases. Para sumar voluntades, para formar referentes, para elegir representantes. Y no a la inversa.

 

Por Manuel Bomheker*

(para La Tecl@ Eñe)

Los tiempos políticos, sin dudas, se diferencian de los que transcurren en almanaques, y en vísperas de elecciones surgen tantos planteos como interrogantes…

 

En el inmenso abanico de aspirantes a candidatos para ejercer el liderazgo de la nación, el escenario se torna confuso. En ese punto surgen preguntas tales como: de qué manera o en qué momento se convierte en líder un candidato y cuáles son sus estrategias para legitimarse y sumar voluntades. De hecho desde octubre del año pasado vienen apareciendo líderes y aspirantes a serlo en todas partes, y nada más ni nada menos que para conducir el destino del país.

 

Esta multiplicidad de "aspirantes" puede generar un escenario confuso. ¿Demasiados caciques? ¿Pocas ideas? ¿Falta de líderes? Vemos, oímos y tratamos de interpretar a ex caciques devenidos en candidatos y a ex integrantes de la tribu convertidos en modelos a elegir. ¿Y las ideas? Daría la sensación de que esto se repite cada vez que se acerca una sucesión presidencial. Pero con un sucinto recorrido de nuestra historia política reciente, y sus figuras centrales, podemos observar que los liderazgos y la sucesión de los mismos han sido fuertes y polarizados.

 

Podríamos arrancar con la figura de Perón, o con la de líderes anteriores, pero repasemos los 30 años de democracia, y las expectativas que generaron los líderes elegidos: Alfonsín vino a salvarnos de la amenaza militar; Menem de la hiperinflación; De la Rúa del ridículo (¿?). Ninguna de estas elecciones alcanzaron a trascender las circunstancias de su época y menos aún satisfacer la representación de un líder mesiánico -Cristo vino a salvarnos del pecado-. Producto de espacios políticos variopintos, estas figuras que, si bien ganaron elecciones, se vieron imposibilitados de constituir un espacio político genuino capaz de sobrevivir a los individuos que se integran y se pueden retirar de ese marco ideológico.

 

Promesas de estabilidad, salariazo y revolución productiva, las razones políticas que llevaron a la elección de Menem como presidente suenan más a razones sentimentales que políticas. En cuanto a Alfonsín y la defensa de la democracia, la contraposición a un acuerdo con el "partido militar", la primavera democrática, parece tener más que ver con la necesidad de superar el pasado reciente, el horror, que a razones construidas políticamente. ¿Y las razones de la elección por De la Rúa?, ¿"un país en serio"?

 

Los objetivos políticos de aquellos presidentes parecen, a veces, tan distantes de los de sus electores. ¿Se acuerdan de la frase del presidente Carlos Saúl Menem, "si decía lo que iba a hacer nadie me votaba"?

 

En la historia oficial argentina, con su sistema político, sólo dejan marcas profundas los que ocupan la primera magistratura del Poder Ejecutivo. ¿Quién fue el compañero de fórmula de Menem 89? Los argentinos no distinguimos entre Estado y gobierno. Entre la administración pública de la política y el rol social del Estado.

 

Por primera vez en mucho tiempo asistimos a una diferenciación entre lo que es la administración pública de la política y la "conducción política". La disminución de las apariciones públicas de la Presidenta y el crecimiento exponencial del rol público del Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, y del Ministro de Economía, Axel Kicillof, marcan un cambio profundo en el funcionamiento de la esfera pública-política. Se distribuye el poder, lo cual no ocurre exclusivamente en las esferas de estos funcionarios: sucede en todos los ámbitos, sólo que por la tradición mediático-cultural de nuestro país, los ministros "más importantes" han sido siempre los de Economía, precisamente por la imposición ideológica de la economía sobre la política.

 

Me pregunto sobre el efecto que tiene la distribución "pública" del poder en la política. ¿Qué impacto tiene en un sistema tradicionalmente presidencialista? No son cambios formales.

 

El liderazgo del oficialismo es innegable (excluyendo explícitamente matices y diferencias en algunas localías): la capacidad de convocatoria, la adhesión que provocan las decisiones políticas (se pueden leer numerosas y variadas estadísticas sobre la aceptación de las mismas); la reafirmación de la conducción de Cristina Fernández de Kirchner por parte de las representaciones más importantes del PJ en distintos puntos del país y el reconocimiento de sus funcionarios pueden considerarse pruebas suficientes.

 

Por primera vez en la historia (al menos la reciente), asistimos a un oficialismo nacional que va a llegar a la elección que definirá la continuidad o no de su modelo con una interna abierta para elegir al candidato a suceder a CFK. ¿Es esto consecuencia de falta de liderazgo? ¿De la ausencia de un candidato que reúna voluntades?

 

¿Cuál es la función de la política en la sociedad?

 

Hay que tener en cuenta la importancia del predominio de lo colectivo en la orientación política en particular: la masividad orientada a quienes más requieren de la intervención de la política para resolver las necesidades de una vida digna. ¿Podemos desde allí hacer una construcción ideológica de la política? Creo que sí: impulsar la primacía de lo político en la vida socio cultural implica concebir una forma de la vida colectiva que se dirige a mejorar las condiciones en que viven las franjas mayoritarias de la población.

 

"Que florezcan mil flores" y el cortejo de las abejas. ¿Qué debe hacer un candidato para ser candidato? Algunos especulan con bendiciones que no habrá.

 

Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO). La riqueza principal de un espacio político reside en la capacidad de habilitar debates internos. En acuerdos, en disensos, en tensiones, permitir la existencia de estos debates alimenta la posibilidad de que crezca una política amplia e inclusiva. Un liderazgo sólido no es igual a una conducción monolítica que excluya (y persiga) diferencias internas (y obvio, lo hemos visto, externas). Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias. Invitar a participar a todos los electores de esos debates internos. Llamar a la sociedad a debatir los matices internos de un espacio político, enriquece a los candidatos y a sus votantes. Fortalece a los partidos, desde todos los sectores. Y es un potencial efecto de las PASO tristemente evitado por la mayoría de los sectores políticos.

 

"Ciudadanos comunes con responsabilidades superiores". Cualquier escucha más o menos avezado y memorioso puede recordar distintas referencias presidenciales al rol temporal del máximo cargo ejecutivo nacional. El acento puesto en la demarcación de la finitud de las personas, cualesquiera sean; así como la primacía fundamental de la organización mancomunada, con sus matices. La convocatoria a la construcción colectiva de la política, de abajo hacia arriba, desde las organizaciones y los barrios, desde los colectivos, con matices políticos distintos, ideológicamente diferentes. Ejes discursivos fundamentales de los últimos dos presidentes argentinos.

 

Con la cercanía de las elecciones presidenciales del 2015 y un par de experiencias electorales que han incluido las PASO, los partidos políticos parecen prepararse para habilitar el debate público de sus corrientes internas. No son candidatos, son expresiones políticas. Durante los últimos diez años de nuestra democracia las expresiones políticas organizadas han logrado transformaciones efectivas. Desde adentro y desde afuera del oficialismo. Por convicción ideológica y por estrategia.

 

Los presidentes no son eternos. Los candidatos tampoco. Las sociedades trascienden a sus individuos, los colectivos suelen sobrevivir a sus líderes. Las elecciones del 2015 son una oportunidad. Una instancia de disputas ideológicas para orientar un espacio político, por timonear un país. El debate sobre candidatos es infructuoso: Organización colectiva, matices, construcción de las bases. Vínculos y redes. Para sumar voluntades, para formar referentes, para elegir representantes. Y no a la inversa.

 

 

*Periodista de Radio Nacional Córdoba

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