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Je Suis Cipayo

Que nadie se sienta ofendido. Todos somos cipayos. Este puede ser consciente o inconsciente. Me atrevo a aseverar que cuanto mayor es el porcentaje, menor es la consciencia. O, planteado en términos matemáticos, podría afirmar que todos tenemos algún porcentaje de cipayo.

 

Por Conrado Geiger*

(para La Tecl@ Eñe)

De un tiempo a esta parte, advierto con sorpresa que cada vez que hago alguna referencia al cipayismo – por lo general idiomático- muchos de mis amigos saltan enojados como si los hubiera ofendido personalmente. Quiero aclarar que soy anti-cipayista, pero sé que así como se puede dejar el cigarrillo o la merca, es posible salir del cipayismo. Como en todas las adicciones, es cuestión de hacerse cargo y de tener la voluntad de salir.

 

El cipayismo que más me preocupa es el inconsciente. Hay economistas, políticos e industriales que son cipayos por voluntad y conveniencia. Pero la gran mayoría, en la que me incluyo, es cipaya porque culturalmente fue formada así.

Se nos formatea en modo cipayo ni bien nacemos. De hecho, nos exponen en una guardería, a la que sin ningún motivo se llama “nursery”. Y ese hecho, de usar palabras inglesas para decir cosas que tienen su vocablo en castellano se aceptan con total naturalidad. Incluso, veremos, que la palabra dicha en inglés, da más prestigio que dicha en nuestro idioma. Muchas de nuestras creencias, lecturas y gustos de consumo cultural vienen signados por un formato cipayo que nos hace ser parte de estereotipo cultural, sin siquiera habernos dado cuenta.

 

YO, CIPAYO

 

¿De qué hablamos cuando hablamos de cipayos? Si buscamos la definición en el diccionario encontraremos:

 

CIPAYO:

Quizá del porturgués sipay, y este del persa sepāhi, soldado).

m. Soldado indio de los siglos XVIII y XIX al servicio de Francia, Portugal y Gran Bretaña.

m. despect. Secuaz a sueldo.

 

 

Fue Arturo Jauretche quien incorporó este vocablo a nuestra realidad nacional, refiriéndose a quienes, siendo argentinos, operaban para intereses ingleses, o bien aquellos que piensan a nuestro país con una mirada desde afuera.

 

Que nadie se sienta ofendido. Todos somos cipayos. Este puede ser consciente o inconsciente. Me atrevo a aseverar que cuanto mayor es el porcentaje, menor es la consciencia. O, planteado en términos matemáticos, podría afirmar que todos tenemos algún porcentaje de cipayo. El cipayismo de cada individuo no es homogéneo: Puedo ser más cipayo con algún tema y menos con otro.

 

Yo mismo, por ejemplo, descubro con sorpresa que me conozco la discografía de los Beatles de memoria. Sé de qué disco es cada canción, conozco la letra y sé de qué año es. A su vez, me encanta Atahualpa Yupanqui. Y de Atahualpa conozco tres canciones... “Los ejes de mi carreta”, “Los Hermanos” y “El Arriero”... y esa sé algo de la letra, porque la toca Divididos... Un día me enteré de casualidad que “Lunita tucumana” era de él. Eso es actitud cipayo de alto porcentaje: Conocer mejor o sentir como más propia música de otras latitudes, es un muy extendido rasgo cipayo. Y, formateados ya con ese gusto, evaluar a la música en función de los parámetros foráneos, es un nivel de cipayismo más alto aún. Considerar que el preciosismo y la digitación de B.B.King superan a lo que hace Atahualpa con su guitarra es también un rasgo cipayo.

 

El cipayismo presente en diversos campos de la cultura y de las actitudes, son las que dan la resultante final. Claro que al reconocer uno sus lados cipayos y hacerse cargo, puede trabajar sobre eso, para reducir su porcentaje lo más posible.

Miremos nuestro entorno:

 

MARQUESINAS Y VIDRIERAS

 

Las marquesinas y vidrieras de los locales comerciales son ámbito de cipayismo explícito. Podemos deducir que el cipayismo tiene mucho que ver con el comercio.

 

De hecho, los grandes centros comerciales se llaman “shoppings”. Y en estos edificios cerrados, tan adecuados para los países del hemisferio norte que padecen inviernos largos que impiden salir a caminar por la calle a mirar vidrieras. Y tanto allá, como acá, las inscripciones en las vidrieras están en inglés. Esto allá es comprensible y lógico: ellos hablan en inglés. Pero acá, donde el idioma es el castellano, me encuentro leyendo consignas como:

 

“SALE”

 

- ¿SALE? ¿Qué SALE? ¡SALE 750 pesos un pantalón! – ¡“LIQUIDACIÓN” se dice! ¡En castellano decimos LIQUIDACIÓN!

 

“50% OFF”

 

- ¿50% OFF qué?- me pongo a gritar asomando la cabeza por la puerta del local-  Para mí 50% OFF quiere decir “repelente diluido”. ¡Se dice “DESCUENTOS”, “DESCUENTOS DEL 50%”!

 

“OUTLET”

 

- ¿OUTLET?  ¿Qué mierda quiere decir OUTLET? ¡Saldos! ¡Se dice SALDOS! –ya gritando por el pasillo- ¡Y también podrían decir “LIQUIDACIÓN”!

 

Ya no es “Día de la Madre” dicen “MOTHER’S DAY”, o “FATHER’S DAY” o “KID’S DAY” según corresponda. Y yo me pregunto ¿Por qué? Entiendo que en la calle Florida pongan carteles en inglés, porque la mayoría de la clientela es turista, pero en un centro comercial en el conurbano bonaerense (que incluye a Martínez, mal que les pese) es una imbecilidad. Creer que eso lo hace mejores. Más finos. Menos sudacas. Cipayismo puro.

 

También observo carteles con inscripciones tales como “Welcome Spring”, dándole la bienvenida a la primavera del cono sur (no quiero dar ideas, pero en cualquier momento van a empezar a saludar a la primavera el 21 de marzo…). Así, trimestre a trimestre uno puede ver pasar las bonitas letras moldeadas haciendo referencia a SUMMER, WINTER o AUTUMN.

 

Buscando remeras lisas, sin inscripción, descubrí qué sólo hay remeras con inscripción… en inglés. Frases bobas y frases graciosas pero sólo para angloparlantes. También había con los escudos de la Universidad de la de Yale, la de Oxford, la de New York.

 

Universidades nacionales, ni una. Entré a un local a preguntar:

 

-Hola, buenos días… ¿Tienen remeras con frases en castellano?

-No…

-¿No es raro que estando en Argentina sea imposible conseguir una remera que diga algo en nuestro idioma, aunque más no sea “Soy un nabo”…?

-No, no es raro. Una temporada tuvimos remeras en castellano, pero no se vendían.

 

El problema era mucho más grave de lo que yo había pensado.

FESTEJOS CIPAYOS

 

Y lo más interesante es el calendario. Nosotros tenemos un almanaque festivo, resultado de nuestra historia patria y de algunos festejos traídos por nuestros ancestros inmigrantes. No hay festejos de origen, digamos, precolombino. Hace unos años, empezó a dársele bola al Inti Raymi, la fiesta del solsticio de invierno (el festejo equivalente a la Navidad), pero no pasa de ser festejado por descendientes de los habitantes originarios, algunos estudiantes de sociales y uno que otro jipón viejo. No genera movimientos masivos ni interés mediático.

 

Otros festejos, de origen predominantemente yanqui, en cambio, comenzaron a invadir nuestra vida: en los medios ¡y en las escuelas! Observé que estos festejos importados tienen una importante impronta consumista. Tiene que ver con adoptar una tradición que tenga que ver con ALGÚN DISFRAZ y EL CONSUMO ESPECÍFICO DE ALGUNA SUSTANCIA:

 

Ya en el jardín de infantes los arengan tentando a los chicos con Halloween, qué básicamente tiene que ver con disfrazarse y mangar caramelos. ¿A qué chico no le va a interesar? A los adolescentes los invitan a festejar San Patricio, un festejo irlandés relacionado con un santo católico, básicamente porque se trata de vestirse de verde y tomar cerveza. Y, por último, aparece SAN VALENTÍN, donde uno debe regalarle a su chica flores, chocolates y, disfrazado de enamorado tratar de cajearlo por sexo.

En cualquier momento vamos a festejar el día de la Acción de Gracias, y vamos reunirnos a comer pavo, y después vamos a presenciar un desfile de los veteranos de Corea.

 

Mantengamos los ojos bien abiertos, porque el problema es muchísimo más grave de lo que podría parecer a simple vista. Nos han infiltrado la cultura, el idioma, los gustos, el pensamiento.

 

Y el que esté libre de cipayismo, que tire la primera stone.

 

 

Buenos Aires, 31 de agosto de 2015

 

 

*Periodista y monologuista de humor

 

 

 

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