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La caza al Octubre Rojo

Los dichos cada vez más desafiantes de Fernando Espinoza hacia la fórmula Aníbal Fernández-Martín Sabatella, que exhiben un neo-macartismo peligroso, no hace otra cosa que reinstalar dudas acerca de qué sector ideológico es el que prima, y aflora de tanto en tanto, dentro del peronismo

 

Por Conrado Yasenza*

 

(para La Tecl@ Eñe)

El peronismo es amplio, lo sabemos, y ciertos hechos históricos así lo prueban: Desde la incorporación de Arturo Jauretche, quien venía de la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA), fundada en 1935 para participar activamente en las luchas por la recuperación de los orígenes nacionales, populares y federalistas expresados por el yrigoyenismo, pasando por la convocatoria de Juan Domingo Perón, para enfrentar en las elecciones de 1946 a la Unión Democrática, al radical Jazmín Hortensio Quijano, conformando una coalición integrada por el partido laborista, la U.C.R y ex miembros del partido independiente e inaugurando la tan mentada, por estos días, vocación frentista del peronismo, y sin dejar de hacer mención, sucintamente, a los aciagos días de enfrentamientos entre la Tendencia Revolucionaria y la derecha peronista; Ezeiza, la plaza y los imberbes, López Rega y la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) entronizados en el poder junto a María Estela Martínez; la muerte de Perón, el juicio sumario de la Triple A a Héctor Cámpora; la dictadura cívico militar y los comandos de Ramón Camps operando con las Fuerzas Armadas, hasta llegar a 1983, Luder y Herminio Iglesias; 1985 y el cafierismo renovador; el menemismo-neoliberal, el Frente Grande y la Alianza, el 2001 y Duhalde como presidente interino que precipitó la aparición de Néstor Kirchner y lo que hoy conocemos como Kirchnerismo.

 

Pero, ¿realmente lo es? ¿O se trata de un partido verticalista y orgánico, de fuerte doctrina, que ha experimentado momentos de ampliación de su base de sustentación política y electoral pero haciendo pesar siempre la potencia histórica del movimiento y su doctrina?

 

En este interrogante se inscriben los dichos cada vez más desafiantes de Fernando Espinoza hacia la fórmula Aníbal Fernández-Martín Sabatella, que exhiben un neo-macartismo peligroso y preocupante, lo cual no hace otra cosa que reinstalar dudas acerca de qué sector ideológico es el que prima, y aflora de tanto en tanto, dentro del peronismo: Quizás, aquel viejo espíritu que se impuso en los 70. La palabra no es sólo discurso, es identidad y reflejo: "¿Acá no hay ninguno de la Federación Comunista, no?" expresó el intendente de La Matanza durante un acto de campaña en la localidad bonaerense de Merlo. La alarma volvió a encenderse para reflotar las inmanencias de pretéritos enfrentamientos o cacerías de “rojos”. Junto a la escalada verbal de quien desconoce el poder de las pasiones alegres, retornaron aquellas palabras dichas por un ya viejo Perón que en 1974, y ante el pedido de una entrevista de once diputados nacionales de la Juventud Peronista para discutir la Reforma del Código Penal, contestó: "El que esté con otro interés se saca la camiseta peronista y se va, nosotros por perder un voto no vamos a ponernos tristes."

 

Frente a las expresiones de Espinoza la discusión se instaló. Las interpretaciones también circularon, algunas para afirmar que los exabruptos del matancero encontraron la razón de su conjuro rojo en el escaso conocimiento que exhibe Julián Domínguez (rara manera de intentar elevar el nivel de conocimiento de su compañero de fórmula) y en la  intención de voto que hasta el día domingo 26 de Julio, y según una encuesta publicada por Raúl Kollman en Página 12, realizada por el Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP) que conduce el sociólogo Roberto Bacman, arrojan una diferencia porcentual de 16.1% a favor de Fernández-Sabatella (30.1 para la fórmula Fernández-Sabatella contra 14 para Domínguez-Espinoza)

 

Los intendentes de mayor referencia en el conurbano se resisten a una fórmula que tiñe de progresismo al PJ. En realidad la resistencia se vincula a la figura de Martín Sabatella, un kirchenrista de origen comunista, cuya estructura de sustentación política es el Partido Nuevo Encuentro. La combinación de los factores filiación al PC y el conflicto generado por las colectoras que Nuevo Encuentro llevó en la provincia de Buenos Aires en 2009 y 2011, hacen medrar la desconfianza hacia el vice de Aníbal. Néstor Kirchner aceptó esta colectora como la única admisible y en esa convalidación los “barones” vieron el peligro de un melladura en la intención de voto junto a la posibilidad de una merma de poder y autoridad en sus territorios.

 

La presidente Cristina Fernández propuso otro baño de humildad para el conurbano tomando como eje de análisis los contraproducentes resultados que arrojó la multiplicidad de fórmulas presentadas en las paso del FpV en CABA, y de allí salieron las dos fórmulas consensuadas para la provincia de Buenos Aires. Cristina Fernández le dio continuidad al criterio de Néstor Kirchner y Martín Sabatella se coló en la interna peronista conurbana.

 

Los desafíos que afronta Sabatella no son menores. Si bien la fórmula que integra es la que hoy gana la interna del FpV, entre las estructuras partidarias kirchenristas/no peronistas hay una suerte de rechazo no confeso hacia la dupla. Los motivos, aunque no reconocidos públicamente, son dos: Uno) La figura de Aníbal; Dos) el supuesto sectarismo de Sabatella.

 

Por otro lado, de ganar la fórmula Fernández-Sabatella, los retos para el presidente de la AFSCA no son menores a la hora del manejo y la convivencia en un lugar plagado de opacidades como lo es la Legislatura Provincial que estaría dirigida por un no peronista (Nuevo Encuentro) y con un plus adverso para conducirla: la marca identitaria, fundacional, de ese partido se halla en luchas anteriores contra las viejas prácticas políticas del peronismo y nada indica que en La Plata esas “destrezas” hayan sido erradicadas. El reto es aún mayor si se tiene en cuenta, como elemento adicional, que la presidente no ocupará ningún cargo desde donde respaldar el desembarco de Nuevo Encuentro en la capital provincial. Los obstáculos para un buen desempeño no son menores.

 

Cristina Fernández, como hábil conductora, no desconoce que los intentos por forjar una organización a nivel nacional que le dé cuerpo a la identidad cultural kirchnerista, no han fraguado aún. La Cámpora fue el intento pero todavía no posee una estructura que abarque el amplio territorio argentino. De allí, el pragmatismo (aunque el discurso ideológico de Cristina parezca contradecir lo dicho) que impone el hecho de recostarse sobre las estructuras pejotistas tratando de mechar cuadros más ideológicamente kirchneristas. El peronismo es, ante todo, una poderosa maquinaria de poder, y el poder debe conservarse aun corriendo el riesgo de entrar en una etapa de gobierno normal, moderado, de consensos y biografías retocadas, como la que reclama el candidato naranja para un país ordenado.

 

Antes de la coronación presidencial se halla la pelea desnuda, descarnada, que no se inscribe de manera inevitable en una lucha ideológica, sino en una lucha entre pesos pesados del territorio bonaerense.

 

 

*Periodista

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