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Entrevista a Eduardo Jozami

 

Kirchnerismo: Lazos de transformación, deseo y debate colectivos

Eduardo Jozami es en la actualidad el director del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, espacio que funciona en el que fuera el centro de detención, tortura y desaparición de personas de la ex ESMA. Pero Jozami es esencialmente un hombre político que ha construido a través de su militancia, de sus acciones, oficios y reflexiones, una biografía moral e intelectual basada en el pensamiento como herramienta política de transformación. Sus libros y su compromiso político desde los 70 hasta nuestros días – hay que recordar que fue puesto en prisión antes del golpe militar de 1976 y permaneció cautivo durante ocho años hasta su liberación en 1983 – es la prueba irrefutable de ello. Abogado, periodista y docente, la historia personal de uno de los más notables intelectuales argentinos no puede reducirse a las mezquindades de la coyuntura política: Allí está el hombre que transformó los 2922 días que estuvo preso en un ejercicio de reflexión sobre la política, las militancias, la historia, el pensamiento y el lenguaje como campo de disputa por el sentido. En esta entrevista con La Tecl@ Eñe, Eduardo Jozami aborda las complejidades y desafíos que enfrenta el kirchnerismo, la fuerza política que se nutre de tradiciones heterogéneas que van desde el peronismo hasta la incorporación y el aporte de otras vertientes nacional-populares y de izquierda. Política, lenguaje, acción y deseos de seguir mirando hacia el futuro.

 

Por Conrado Yasenza

(para La Tecl@ Eñe)

- Conrado Yasenza: ¿Cómo define la experiencia política inaugurada en Argentina en 2003 denominada Kirchnerismo?

 

- Eduardo Jozami: Un nuevo momento político que se nutre de la tradición del peronismo e incorpora en su propuesta nuevos temas que reflejan el cambio de época y el aporte de otras vertientes nacional-populares y de izquierda. Un movimiento que transformó significativamente la Argentina en estos doce años y debe continuar y profundizar el rumbo actual para garantizar los logros alcanzados. Una fuerza política heterogénea que tardará en establecer una relación más clara con el peronismo histórico, pero que para consolidarse en su organización debe avanzar en caminos de mayor participación y debate. 

 

- CY: ¿Cómo vincularía los conceptos nacional y popular con populismo?

 

- EJ: Hasta no hace mucho, el populismo era condenado tanto por  la derecha que lo rechazaba desde una concepción aristocrática de la República como desde la izquierda que le reprochaba su imprecisa apelación al pueblo que llevaba a diluir el enfrentamiento entre las clases. Sin embargo, como ha señalado Ernesto Laclau, muchos de esos rasgos que se cuestionaban al populismo parecen constitutivos de la misma política: esta supone alianzas y confluencias que no se compadecen con la rigidez de las definiciones. De todos modos, el concepto de populismo puede aportar a la comprensión de cómo se constituye la interpelación colectiva al poder y la unificación de demandas que la sustentan pero no permite una caracterización más precisa, puesto que esa interpelación populista puede encontrarse en corrientes de izquierda o de derecha. La incorporación de lo nacional popular enriquece el análisis porque introduce la historia y la tradición que nos parecen fundamentales en la constitución de movimientos populares y transformadores como el kirchnerismo.

 

-CY: ¿Esa experiencia política es inescindible de una estructura superior e histórica como lo es el peronismo? ¿Puede prescindir el kirchnerismo del peronismo, es decir, con el peronismo sólo no alcanza, o termina definiendo la estructura y su potencia histórica?

           

-EJ: El kirchnerismo nace del peronismo y ningún destino fatal lo lleva necesariamente a diluirse en el seno del movimiento ni tampoco a constituirse como una nueva identidad. Muchas razones hacen pensar que el proceso político iniciado por Néstor Kirchner marcha por este último camino, fundamentalmente por la novedad de una propuesta que incorpora nuevas demandas sociales a las tradicionales del peronismo histórico y la importancia de la participación de sectores provenientes de otras tradiciones políticas. Sin embargo, como se advierte en estos últimos días -en los que ya se habla menos de kirchnerismo y más de movimiento nacional peronista- las señales de un regreso al peronismo histórico son significativas.  

 

-CY: Tiene el kirchnerismo una dimensión de goce que tiende a enfrentar recurrentes ciclos de agotamiento  o crisis de esa distribución del goce, que se puede graficar en los ciclos fatídicos de diez años de bonanza y luego los consecuentes procesos de situaciones de ajuste. Es decir, ¿hay un goce en el consumo, en la  redistribución, en la conquista de derechos,  que se agota, que acaba como parte interior de lo que se denomina proyecto para pasar a otras instancias?

 

-EJ: No pienso que los ciclos recurrentes de bonanza y ajuste puedan explicarse por un agotamiento del goce. En principio, cuando aumenta el consumo y mejoran los ingresos la población desearía seguir en el mismo camino. Sin embargo, tal como se advierte actualmente en Brasil y la Argentina, los sectores populares que se consideran de clase media a partir del éxito de las políticas redistributivas se convierten, muchas veces, en cuestionadores de las políticas de igualación social. El elemento principal para poner límites a la redistribución del ingreso son las restricciones al crecimiento que radican, principalmente, en las restricciones estructurales que afectan de las cuentas externas. Sin embargo, en estos últimos años la gestión del Ministro de Economía, Axel Kicillof, ha demostrado que esta situación no lleva necesariamente a las tradicionales políticas de ajuste. De todos modos, es obvio, que, para avanzar en el mediano plazo en un crecimiento sostenido con redistribución, aquellas restricciones estructurales - la fuerte demanda de importaciones por la industria, el bajo valor agregado de las exportaciones y la importante remisión al exterior de utilidades e intereses- deben ser atacadas de manera planificada y sistemática. 

 

-CY: ¿Hay un modelo prediseñado conceptualmente o ese modelo es variable y se va construyendo sobre el propio camino? (pienso en la política ferroviaria casi inexistente hasta Once, por ejemplo)

 

-EJ: El modelo ha sufrido cambios significativos a lo largo de estos años, jerarquizando políticas como la de recuperación ferroviaria que estuvieron ausentes durante largos años o ampliando la participación estatal en la regulación de la economía y la gestión de los servicios públicos. La calificación de neodesarrollismo que se aplicó a la política económica inicialmente centrada en la recuperación del nivel de actividad, resulta insuficiente para caracterizar una gestión que fue afirmando el objetivo igualitario en lo social y otorgó nuevas funciones al Estado. Por otro lado, un rasgo muy marcado de reparación social histórica –tanto respecto de la dictadura como de los daños del neoliberalismo- así como la dinámica de expansión de derechos y transformaciones que ha signado estos años junto con la nueva ubicación respecto del mundo y de la región latinoamericana, muestran una constante ampliación de los primeros objetivos formulados.  

     

-CY: ¿Qué mecanismos psíquicos y afectivos se dan en el rechazo agresivo a la figura de la  Presidente?

 

-EJ: Los grandes liderazgos políticos despiertan fuertes adhesiones y rechazos. Para quienes han elegido pensar que el kichnerismo es una impostura, cuyas ambiciosas propuestas no perseguirían  sino fines de poder personal, es comprensible que las condiciones de oradora y la notable personalidad de Cristina refuercen los cuestionamientos y alimenten un odio que expresa mucho más que una diferencia política. No debe subestimarse, tampoco,  en una sociedad cuyo componente machista persiste, que la condición femenina de la presidenta influya significativamente en el tono de esas manifestaciones. Ese agresivo rechazo a Cristina se parece al que sufrió Evita hace setenta años, como para pensar que pese a los notables cambios producidos, aquél país y éste guardan algunos parecidos. La manifestación reciente que reunió una multitud tras la consigna Ni Una Menos muestra, sin embargo, que las corrientes mayoritarias de la sociedad van por otro lado.

 

-CY: ¿Cuál es su visión sobre el hecho de que tras doce años de kirchnerismo, el destino o futuro político y social se puede dirimir entre dos expresiones similares de derecha o centro-derecha?

 

-EJ: No puede ubicarse en la derecha a los dos principales aspirantes a la presidencia, más allá de los cuestionamientos que formulamos a quien finalmente será nuestro candidato. Hay sectores del Partido Justicialista que tienen una visión conciliadora de la relación con las corporaciones pero ello no los iguala con la propuesta de restauración conservadora. El debate que debe continuar al interior del FPV no nos puede apartar de la convocatoria para bloquear el camino de quien, como Mauricio Macri, representa la vuelta a la Argentina de  los ’90.

 

-CY: ¿Cómo analiza la finalización de los dos mandatos de la presidente y su conexión con  las masas?

 

-EJ: Cristina llega al final de ocho años de presidencia y doce de kirchnerismo con un notable reconocimiento social. Un liderazgo basado no sólo en una gestión exitosa, aún bajo las negativas condiciones del contexto de crisis mundial, sino también en una notable voluntad política que permitió sortear las permanentes ofensivas destituyentes. En la nueva situación que se abre en 2016, ese liderazgo es un capital político importantísimo para evitar que se pueda desandar el camino iniciado en 2003. Su voz tendrá un peso notable y será un elemento orientador de los debates que habrán de plantearse en una coyuntura bien distinta de la actual.

 

- CY: ¿Qué hay de erótico en la política?

 

-EJ: Muchísimo. La política es, por sobre todas las cosas, deseo. Deseo de poder que puede convocar zonas oscuras de la personalidad, pero también deseo de amor y reconocimiento, de comunión con los otros.

 

Buenos Aires, 26 de Junio de 2015.

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