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Chicos de la primaria, entre tiros y violencias familiares

 

Vivir en peligro

 

 

Polesello Rogelio

La reciente marcha por “ni una menos” mostró que la violencia interpersonal y en algunos casos estatal, está presente en amplias franjas sociales. La violencia callejera, domestica, sexual, se mete en el dictado de las clases escolares con mucha familiaridad, manifestándose como una preocupación cotidiana. 

 

Por Gerardo Yomal*

(para La Tecl@ Eñe)

Este último tres de junio de 2015 centenares de miles de mujeres y hombres caminaron por las calles de la Argentina para repudiar las violencias y los asesinatos contra las mujeres.

 

La movida comenzó con el tuit de la periodista Marcela Ojeda: "¿No vamos a hacer nada? Nos están asesinando".

 

El disparador en la red social funcionó como un verdadero reguero de pólvora que llevó a  amplios y diversos sectores sociales y políticos que adhirieran a la manifestación callejera.

 

Que asesinaran una mujer cada treinta y seis horas indicaba la gravedad de la situación. Claro que no es una cuestión coyuntural sino que tiene que ver con una historia, una cultura, el patriarcado, el machismo, las relaciones de poder entre los sexos. La masividad de la protesta mostró que había una herida muy profunda de la que no se terminaba de tomar nota. O se prefería mirar para otro lado, mantener el statu-quo.

 

El sufrimiento acumulado de miles de mujeres estalló y abrió una compuerta imparable que puso al descubierto la violencia histórica contra las mujeres.

 

¿Cuántas y qué tipos de violencia convivirán con nosotros sin que les prestemos atención? ¿Qué no estamos percibiendo de cómo viven algunos de nuestros compatriotas?

 

El sociólogo Javier Auyero y la maestra María Fernanda Berti escribieron el libro La violencia en los márgenes, una investigación sobre la base de los relatos y los testimonios de una escuela, ubicada en el sur del conurbano, en Arquitecto Tucci, a la vera del Riachuelo, en un barrio marginalizado del conurbano bonaerense. Estuvieron en el barrio, en sus escuelas, en los comedores populares tomando el pulso de la violencia, una violencia que a una parte de la sociedad argentina le resulta ajena.

A continuación, algunos de los testimonios de los alumnos de un grado de una escuela primaria, chicos que van de 8 a 13 años, de la mano de su maestra y que conviven con una violencia prácticamente naturalizada:

 

TIROS Y VIOLACIONES

 

*Maiten se acerca y me dice, en voz baja, que no va a venir mañana a la escuela: “Le metieron un tiro a mi hermano en Villa Ceferina, ayer. Está en el hospital, está bastante bien. Mañana no vengo”

 

*A los 13 años ya sabe distinguir entre una 9 milímetros, una 22, una 38 y una 45”.

 

*“Seño -le dice a su maestra- un día me vas a ver en la tele. Voy a robar un banco y me van a cagar a tiros. Me vas a ver, me va a matar la policía”

 

*Marita (9años) me pregunta si yo conozco al padre de Naria. Le respondo que no. “Él está en el cielo. Le dispararon en la cabeza”

 

*Brian me dice que ayer se enojó con su tío. “Es que le pego a mi tía, siempre le pega”

 

*Miriam mira mi celular y me dice: “Mi mamá tenía el mismo celular, pero mi papá se lo rompió. Ya le rompió dos… cuando se emborracha, le rompe las cosas y a veces también le pega”

 

*Sentados al pie del mástil, apenas comienza el recreo, Samanta y Pedro, dos de mis alumnos de cuarto grado conversan animadamente. Pedro pregunta: “¿A tu papá ya se le hizo cascarita el tiro? A mi viejo ya se le está haciendo”. Samanta responde: “No… los tiros de mi papá son viejos”.

 

*Noelia (9 años) me cuenta que “a mi sobrina casi la violan ayer (a unas pocas cuadras de la escuela). Los vecinos fueron a la casa de los violines y les patearon la puerta abajo”. “¿Qué son los violines?” preguntó la maestra inocentemente. “Son los que te hacen bebes”, respondió Josiana, de 8 años, con certeza y naturalidad.

 

*La docente les propuso un ejercicio colectivo a los alumnos de sexto grado: “A ustedes, ¿qué sonidos les dan miedo?” Cinco de los siete sonidos que quedaron anotados en el pizarrón son los sonidos de la violencia circundante: “Pasos en el techo, ratas, tiros, gritos cuando le roban, gatillo-cargador, tormenta, cuando roban y queman los autos y explotan”.

 

VIVIR EN RIESGO

 

Posiblemente a algunos de los lectores les suene exagerado los testimonios publicados. Sin embargo tienen que ver con un contexto social, con un barrio del conurbano bonaerense donde la violencia es la preocupación primordial de los vecinos, donde también los más chicos conviven como si fuera algo casi natural con tiroteos, robos a mano armada,  peleas callejeras, violencias familiares… Esos son temas de conversación habituales. Se meten en la escuela como parte de su cotidianeidad.

 

Justamente una tercera parte de los alumnos del grado que en el año 2011 la maestra Fernanda Berti tuvo a su cargo, tenía a algún familiar cercano en la cárcel. En ese sentido el CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales) certifica que la provincia de Buenos Aires tiene una tasa de encarcelamiento de 201 cada 100 mil habitantes; en 2007, esa tasa era 167. Por lo tanto la cárcel se ha convertido en una institución de la vida cotidiana en éste y muchos otros territorios de relegación urbana.

 

Para no caer en malentendidos, distintas violencias conviven en distintas clases sociales y barrios, por lo que no habría que estereotipar ciertos rasgos como si fueran “exclusivos” del conurbano bonaerense. La reciente marcha por “ni una menos” mostró que la violencia interpersonal y en algunos casos estatal, está presente en amplias franjas sociales.

 

El libro de Auyero y Berti sí certifica a las claras que la violencia callejera, domestica, sexual se mete en el dictado de las clases escolares con mucha familiaridad. Son temas de la vida de los chicos y que se conversan permanentemente. Es una preocupación cotidiana. Chicos muy chiquitos que viven en peligro.

 

 

*Periodista. Conductor del programa radial El Tren.

Director del portal Puede Colaborar-Periodismo Impuro  http://www.puedecolaborar.com.ar/

 

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