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La hegemonía en salud mental

 

Hablar de hegemonías en salud mental es referirse a las disputas por preservar cotos de caza y cuidar rebaños de lectores, alumnos, pacientes e  invitaciones a congresos. Disputas que contienen en su interior diversos modos de descalificación asentados en el saber científico. Es decir, hegemonías o cercanías ficticias a los núcleos de poder.

 

Por Laura Gersberg*

(para La Tecl@ Eñe)

Llama la atención cómo el estilo de la época se reproduce, se retroalimenta o reactiva, en el campo de la salud mental.

 

Desvalorizaciones, brechas, inconsistencias, multinacionales del saber, están tensando todos los debates y los conceptos de transversalidad, multidisciplina y respeto, por los diferentes cuerpos teóricos que son vulnerados con ironías discretas o abiertamente dirigidas a demostrar sus falencias desde una presunta completud. Y claro, pertenecer tiene sus privilegios.

 

Efectivamente, creo que en salud mental, hoy, tal vez con la irrupción de nuevos saberes, la competencia es encarnizada.

 

Dentro del psicoanálisis, la más difundida de las corrientes teóricas, pertenecer tiene sus privilegios y los alineamientos son fríamente calculados, y muchas veces poco tienen que ver con el saber y el hacer, y sí, con las posibilidades laborales de quien se trate.

 

Todos lo saben, pero nadie aceptará la crudeza de esta situación

 

Pertenecer a una u otra multinacional psicoanalítica, acerca a sus dirigentes, instituciones locales, cátedras. Nada nuevo.

 

Citar a uno u otro autor suele ser más un guiño a los colegas para posicionarse que un aporte teórico que enriquezca el texto o caso clínico a presentar.

 

Casos clínicos presentados en ateneos multitudinarios, conjugados y forzados hasta el absurdo con los dichos de algún gurú, o miembro autorizado de algún polit buró autorizante, de uno u otro lado de la brecha.

 

Son creíbles porque tal o cual lo dice, y lo dice avalado por alguien esforzadamente devenido en  incuestionable; y  eso basta, o para muchos, es suficiente.

 

Nada más lejano del decir, hacer y pensar del querido Sigmund Freud.

 

En nuestro país, de acuerdo a la opinión de muchos, “cuerpos extraños” están “coptando” a nuevas cohortes de graduados jóvenes e inexpertos, lenguaje sectario, sin dudas.

 

Me refiero a las teorías cognitivas conductuales, las neurociencias, por sólo citar estos ejemplos.

 

De lo que se trata es, una vez más, del poder de convocatoria de las cátedras, de la venta de libros, de las invitaciones a congresos, de las publicaciones en revistas, de llenar los consultorios.

 

Vulgarmente diría que el circuito va del bronce al cobre; ningún misterio.

 

Esto tiene otra vertiente: no es lo mismo ser médico que psicólogo, no es igual ser psicólogo que psicopedagogo, ni trabajador social.

 

Ni hablar de los psicólogos sociales y los nuevos counselors, coachers, operadores de todo tipo y para cualquier cosa.

 

Todos nos despreciamos, aunque nadie se anime a reconocerlo: los médicos a los psicólogos y así sucesivamente.

 

Tampoco tiene la misma categoría ser psicoanalista (de cualquiera de las dos multinacionales) que un “simple psicólogo”

 

Hace poco, un psiquiatra experimentado afirmó, en un ámbito de debate, algunas objeciones a la Ley de Salud Mental. Su cuestionamiento se centraba en que a partir de la ley, ahora “un psicólogo puede ser jefe de servicio “ (sic), y agregaba: “creo que el que más estudia es el que se merece ése lugar, y generalmente es el médico” (sic). Hablaba de hegemonías.

 

Cómo puede el psiquiatra afirmar públicamente lo antedicho, aullaron los psicólogos, que creen lo mismo de los psicopedagogos ó trabajadores sociales, ya que los psicólogos sociales ni son considerados; ni hablar de counselors ó coachers.

 

 

Algunas prácticas dentro de la salud mental son vistas por vastos grupos de profesionales como cuasi esotéricas, o francamente inútiles voluntarismos ligados a compromisos políticos pasajeros.

 

Este artículo es deliberadamente irritante porque la realidad en la salud mental lo es. La intolerancia es norma, disfrazada de cortesía hipócrita.

 

Verdaderamente a pocos les interesa la coexistencia de visiones teóricas, salvo que eso represente un espacio de desempeño laboral o prestigio que generará en algún momento réditos.

 

Cada cual y cada quien preserva su coto de caza y cuida su rebaño de lectores, alumnos, pacientes, invitaciones, cercanías ficticias a los núcleos de poder.

 

Las mesas chicas ya están cerradas.

 

Podes sentarte y aprender.

 

 

 

*Lic. Laura Gersberg

MN 14613

Equipo Argentino de Toxicomanías

Directora General

equipoadetoxicomanias@gmail.com

CV en linkedin.com

 

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