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Jaén-Mágina: ¿A qué España miraremos?

 

En momentos en que dirigentes políticos propician la persecución al extranjero en la Argentina, España y toda Europa cierran sus muros para no ver el drama ajeno, aunque de él obtienen beneficios. Las grandes corporaciones mudan sus recursos y oficinas para maximizar sus beneficios, con total prescindencia de las leyes nacionales o acomodándolas a su antojo, ante el paulatino debilitamiento del control popular que es, por ende, el  de la propia democracia. ¿A qué España miraremos?

 

Por Rodolfo Yanzón*

(para La Tecl@ Eñe)

          Un 24 de diciembre me encontraba en Jaén y había acordado con un amigo chileno esperar juntos la noche vieja. Se había exiliado apenas comenzada la dictadura de Pinochet y se recibió de abogado en España, donde formó una familia y desarrolló su actividad como abogado de sindicatos. Acordamos encontrarnos muy temprano en una plaza cercana a la catedral para dirigirnos a la montaña. Las puertas de la iglesia estaban abiertas. Ingresé para hacer tiempo y noté que sobre una de las columnas había una placa de mármol que recordaba a sacerdotes diocesanos “asesinados por la dictadura marxista, de julio de 1936 a marzo de 1939”; una dictadura que, según la placa, concluyó con la victoria de Francisco Franco sobre la República.

 

         Subimos al auto con nuestros equipos de montaña y nos dirigimos hacia la Sierra Mágina, a unos 50 km de la ciudad de Jaén, pasando por algunos pueblos que cortaban el mar de olivares que se extendía a ambos lados de la ruta. El poeta Antonio Machado se refirió a esos grises olivares, al sembrador que echa la semilla, a las sierras de Mágina y su tormenta, a los montes con sol y piedra, a Granada. Durante el viaje vimos hombres negros que cosechaban aceitunas, estaban en grupos y  con largas túnicas y varas. Sólo se veían olivares y esos hombres trabajando mientras el resto esperaba la navidad. “Estos son los privilegiados, los que pueden salir de donde son encerrados” dijo mi amigo.

 

         El último pueblo antes de llegar a destino era Torres, del que es oriundo el ex juez Baltasar Garzón -que en ese entonces estaba siendo juzgado e iba a ser destituido y no por sus desaciertos-, un pueblo blanco colgado de la piedra con la vista puesta al valle. Minutos después nos encontramos con un poco de nieve y el sendero hacia las cumbres.

 

         Iniciamos al ascenso. Hacía frío. Unas cabras de monte se nos cruzaron cerca del filo. Al llegar vimos al otro lado la sierra Nevada a cuyos pies se halla Granada. A nuestras espaldas estaba el valle del Guadalquivir. Nos quedamos hasta el atardecer hasta que comenzamos el descenso. La nieve se había endurecido dificultando la marcha. Vimos nuevamente los olivares. Los negros seguían con su faena, pero en la oscuridad. En Jaén pasamos por el centro de internamiento para extranjeros (cies), donde el Estado español aloja a inmigrantes, especialmente africanos. Ahí pueden estar privados de libertad durante meses, sin atención médica ni legal y padeciendo malos tratos –incluso torturas- de los guardias. Por la noche, aunque cansados, cenamos, bebimos vino, escuchamos música y cantamos mientras llegaba la navidad. Al día siguiente volvimos a pasar por el cies y vimos hombres y mujeres con sus hijos detrás de las rejas, vigilados por uniformados, a la espera de que las autoridades españolas resolvieran su ingreso o su deportación al África, de donde habían escapado del hambre y las guerras. Un reservorio de mano de obra barata, jornaleros sin derechos; niños, mujeres y hombres sin más expectativa que vivir un poco más.

 

         Miles de subsaharianos han tratado de saltar la valla de Melilla, puesta por el gobierno español para impedir el traspaso de africanos a sus territorios. La Comisaria Europea del Interior, miembro de la Comisión Europea, advirtió al gobierno de Mariano Rajoy que tomaría medidas si se intenta impedir por la fuerza la llegada de migrantes a los pasos fronterizos, debido a reiterados casos de violencia ejercida por los agentes estatales provocando lesiones y muertes. Esa valla antitrepa, sobre la que se cuelgan a diario cientos de africanos tratando de llegar a suelo español, limita con una cancha de golf, un canto a la diferencia entre la opulencia y el hambre; el encuentro entre la desigualdad y la opresión.

 

         Los medios hablan de la “gran alegría” que generó saber que la enfermera española contagiada de ébola, luego de  atender a dos personas que luego fallecieron, no tenía el virus. Su marido habló de la “chapuza” que ha sido la política sanitaria sobre el ébola y anunció la presentación de una denuncia contra el Ministerio de Salud. Hubo reuniones sobre la epidemia: una, la del ALBA, en La Habana, y la otra, en la Unión Europea. En la primera, Raúl Castro anunció el envío de dos grupos al África, mientras que en la segunda sólo se habló de la “amenaza” y del modo en que Europa debía protegerse. Como sucedió con el nigeriano que procedente de Estambul bajó en el aeropuerto de Barajas y que se descompuso porque una cápsula con cocaína le estalló dentro de su cuerpo. Nadie lo atendió por temor al contagio y falleció luego de estar 50 minutos tirado en el suelo.  

 

         La prensa española difundió la noticia sobre la cooperación entre el gobierno español de Adolfo Suárez y el rey Juan Carlos I, y la dictadura argentina de Jorge Videla, con intercambio de medallas –España condecoró, entre otros, a represores como Antonio Vañek- y el apoyo en negociaciones en centros financieros y comerciales. Una cobertura que permitió al hombre fuerte de la dictadura, José Alfredo Martínez de Hoz, contar con una voz amiga en los foros internacionales que le permitiera recurrir al endeudamiento. A cambio, España y sus banqueros se aseguraron que retornasen a sus manos filiales bancarias. A ello debe agregarse la autorización que se brindó a la dictadura argentina para que sus grupos de tareas operasen en tierra española, como sucedió con el caso de Noemí Gianotti de Molfino, que se había incorporado a Madres de Plaza de Mayo para denunciar las desapariciones, fue secuestrada en Lima, trasladada a España y hallada muerta en Madrid. El juez que intervino en la causa fue Baltasar Garzón. Se dio cobertura durante años a miembros de la Alianza Anticomunista Argentina que, incluso, formaron parte de grupos de choque españoles, como el policía Rodolfo Almirón, quien marchó a España junto a López Rega. Debe también recordarse el rechazo de la extradición de la viuda de Juan D. Perón, María Estela Martínez, por su responsabilidad por la Triple A. La Audiencia Nacional entendió que su rol no implicó la comisión de un crimen de lesa humanidad y que el accionar de la Triple A comenzó durante el mandato de Juan D. Perón. Como bien dijo en su momento el Fiscal de Investigaciones Administrativas, Ricardo Molinas, una paradoja del destino que una organización creada para delinquir, como la Triple A, se haya gestado en un Ministerio denominado de “Bienestar Social”.

 

         Mientras que la España de los pueblos recibió a muchos que escaparon de la persecución política, la otra España, la de los grilletes y las estatuas al dictador, tomaban a represores latinoamericanos que colaboraban en su propia represión ilegal durante gobiernos constitucionales. En momentos en que dirigentes políticos propician la persecución al extranjero en la Argentina, España y toda Europa cierran sus muros para no ver el drama ajeno, aunque de él obtienen beneficios. Mi amigo chileno sigue en España y la navidad se acerca, pero los migrantes tienen poco que festejar, salvo un mar de olivares que no les pertenece ¿Qué diría Miguel Hernández de esos aceituneros?

 

         Las grandes corporaciones mudan sus recursos y oficinas para maximizar sus beneficios, con total prescindencia de las leyes nacionales o acomodándoselas a sus antojos, ante el paulatino debilitamiento del control popular que es, por ende, el  de la propia democracia.

 

¿A qué España miraremos?

 

 

*Abogado- Fundación Liga por los Derechos Humanos.

 

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